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viernes, 10 de julio de 2009

El puñetero “Estado de bienestar”

Voy a ser políticamente incorrecto, que nadie se me enfade.

Cada vez que oigo la tan mentada expresión del “Estado de bienestar”, me pongo enfermo. Suelen ser sindicalistas o políticos de socialdemocracia o izquierdas, (entre los que yo considero que estoy), los que para mi pesar repiten más esta expresión.
En distintos, pero parecidos contextos, “hay que luchar para mantener las conquistas de Estado de bienestar” o “deben mantenerse e incrementarse los derechos sociales adquiridos por los trabajadores en el Estado de bienestar”, etc…

Entiendo y comparto la idea de fondo, pero quisiera reseñar una serie de cuestiones sobre este tema.

¿Qué se entiende por el “Estado del Bienestar?”

Justicia social, Sanidad y Educación Pública garantizada para todos los ciudadanos; pensiones justas para los jubilados, parados, viudos, e incapacitados; Buenas comunicaciones con preferencia de los servicios públicos: trenes, autobuses, etc…
Es decir estaríamos hablando de un Estado que protege a los ciudadanos, sobre todo a los menos favorecidos, y les garantiza unos servicios mínimos en todas las facetas vitales de una persona.

Perfecto, pero esto requiere una gran subida de impuestos. Eh! Que ya había dicho que iba a ser políticamente incorrecto! Pues sí, si queremos que el Estado nos dé los mismos beneficios que en los países nórdicos (paradigma de los estados sociales), habrá que pagar los mismos impuestos que pagan ellos.

En los impuestos por el trabajo (año 2005) mientras que en Dinamarca se paga un 59% de impuestos, en Suecia un 56,5%, en los Paises Bajos un 52 %, en el Estado Español…un 29,8%.

En cuanto a las Sociedades, en Alemania en 2005 se pagaba un 38 % de impuestos, y en el Estado Español, hoy en día se paga un 32,5 %
(Ver fuente: http://www.lukor.com/not-por/0510/21172332.htm)

No podemos tener los beneficios sociales del norte de Europa, con los impuestos más bajos o de los más bajos de Europa.

Política de Emigración.- En esos países del norte de Europa no entra un emigrante si no es con el cumplimiento riguroso de múltiples condiciones (y siempre que haya un puesto de trabajo que no tenga demanda por un nacional de dicho país). Eso prácticamente les hace países cerrados ante la emigración. Y por lo tanto no tienen los gastos que ella conlleva. Y he de decir que esta política no me parece justa con respecto a los ciudadanos del mundo.

Pero lo fundamental, ¿Estados del bienestar? ¿Cuántos son los que pueden aplicarse este apelativo? Pues ni siquiera todos los de Occidente, pero en ningún caso ninguno de Africa, América Latina, ni Oceanía (exceptuando Australia, Japón, y alguno más). Es decir el “Estado del bienestar” afectaría al 20% de la población, y quizá esté tirando para arriba.

El hecho es que en Occidente vivimos muy por encima de nuestras posibilidades. No nos falta de nada. Y no me refiero a que no pasemos dificultades, que las pasamos, pero aún en el Estado Español de los 4 millones de parados ¿Cuántos personas pasan realmente hambre? Las hay, no me cabe duda, pero compárese esto con África o cualquiera de las zonas del mundo fuera de Occidente.

Se necesita justicia social mundial. Es necesario que los países paguen un impuesto a la ONU u otro organismo mundial en función de su PIB. Un impuesto exigible y obligatorio como el que pagan los ciudadanos a su Estado. Y que los países receptores de dicho dinero sean controlados con el fin de evitar la corrupción.

Hoy en día en el mundo siguen muriendo muchísima gente de hambre, o por no tener las condiciones sanitarias básicas. Por no hablar de las guerras.

Otra realidad es posible! Aldatu behar dugu!

martes, 1 de julio de 2008

Nacionalismo Español y Nacionalismo Vasco

Quiero aclarar que he disfrutado como un enano de esta Eurocopa de Fútbol. Me ha encantado el juego de Holanda en la primera fase. La ilusión y ganas de Turquía, el buen hacer de Alemania, y sobre todo el gran juego y preciosismo de España.

Aún y todo, alegrándome como me alegro del triunfo de España, hubiera deseado que se permita participar en esos eventos a otras naciones sin Estado, y en concreto a Euskal Herria.

A ver si se enteran de una vez en España, que los abertzales (nacionalistas vascos) no odiamos lo español, ni lo francés. Y me refiero a los nacionalistas democráticos, claro está.
No nos consideramos una raza superior. Simplemente sentimos como nuestra patria a Euskal Herria, y queremos y defendemos lo nuestro por encima de lo de los demás, como cualquier buen patriota.

Por eso me alegro de que por fin haya manifestado ese sentimiento nacionalista español. En primer lugar por que me parece legítimo, y en segundo lugar por que me parece ridículo negar su existencia.

Pues sí. En España existe ese sentimiento nacionalista español o patriotismo. Ahora quizás nos entiendan mejor a los que tenemos otro sentimiento nacional o a los que consideramos como nuestra patria a otra distinta de España.

Quiero recoger por último una Editorial del periódico "Noticias de Gipuzkoa", que ilustra estos comentarios míos:

"Nacionalismo español"

En su discurso como candidato a la presidencia del PP, Mariano Rajoyaseguró que él no es nacionalista y que "el PP nunca será nacionalista". Minutos antes de esa proclamación había dejado claro que "la nación española no es ni discutible ni interpretable". No acaba de entenderse que un discurso tan claro como este, discurso, por cierto, de toda la vida tanto en el PP como en el PSOE, no se interprete como una afirmación de nacionalismo español. El triunfo de la selección española de fútbol en la final de la Eurocopa y sus victorias previas han evidenciado una jubilosa exaltación patriótica en la que no han faltado excesos y fanatismos, con el infinito fondo rojigualdo, banderas al viento del nacionalismo español animado por un indudable y merecido éxito deportivo. Es de toda justicia que nadie se avergüence ni sea avergonzado por expresar y reconocer su nacionalismo identitario, sea español o periférico. Este principio básico se quiebra cuando desde un nacionalismo, el español, se acusa a los nacionalismos periféricos de excluyentes, como si no fuera excluyente un discurso que niega a los ciudadanos que ponen en cuestión la unidad nacional española el derecho a discutirla. Es sintomático, por abusivo, que el único nacionalismo que ha conseguido reconocimiento como Estado sea también el único que se niega a reconocerse en su condición de nacionalista. Y así, en esa solemne falacia, al atribuir el nacionalismo español a los nacionalismos periféricos un carácter excluyente, niega que también sea excluyente el nacionalismo español porque, sencillamente, no existe. En el fondo, esta contradicción, este no reconocimiento del nacionalismo español, indica que el concepto de nación española no es compartido por todos, y mucho menos unánime. Como los nacionalistas españoles no quieren reconocer su condición, cuando en los partidos de fútbol que disputan las selecciones de Euskadi y Cataluña protestan airadamente por pancartas, gritos y cánticos calificando esos actos de "orgía nacionalista". Mientras tanto, han transcurrido semanas en las que, al ritmo de Manolo el del Bombo , las más altas autoridades del Estado han jaleado las glorias patrias y se han celebrado hasta la histeria por calles y plazas los éxitos de la nación española de fútbol.